-Sabía que vendrías.
Se sobresaltó al escuchar esa voz en ese momento y en ese lugar. No esperaba que nadie perturbase el silencio casi sepulcral que reinaba a su alrededor. Volvió la cabeza hacia la izquierda, y allí estaba, sentada en la misma posición que él, con la vista perdida en el infinito. Ella, la protagonista de los únicos momentos felices que había experimentado en los últimos años. Y a la vez la causante de toda la infelicidad que había convertido su alma en un puñado de cenizas.
Le fue imposible ocultar su sorpresa.
-¿Qué haces aquí?
-Esperarte.
Su voz, relajada y serena, siempre había tenido la propiedad de calmar todos sus sentidos, sumiéndole en la más sosegada tranquilidad, y esta vez no iba a ser menos.
-¿Por qué?
Por primera vez en aquella lóbrega noche ella se volvió hacia él, fijando en los suyos sus profundos ojos negros, a sabiendas de que eran su más potente arma.
Cuántas veces se había perdido en esos ojos. Cuántas veces lo habría dado todo por poder refugiarse eternamente en ellos, sabiéndose proscrito de un reino que jamás podría conquistar.
-Porque si realmente vas a hacer lo que creo que vas a hacer... has de saber que yo haré lo mismo.
Bajó la cabeza, sabía que no bromeaba, ella nunca lo hacía.
-No puedes hacer eso, sabes que yo tengo mis razones...
-Y si lo haces yo también tendré las mías.
En ese mismo momento, escucharon el frenazo de un coche que se había detenido tras ellos. La luz blanca y brillante de sus faros iluminó a la pareja, devolviéndoles a la realidad, esa realidad de la que ambos habrían deseado huir para siempre.
El motor quedó encendido mientras la puerta se abría.
[...]
jueves, 26 de junio de 2008
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2 comentarios:
Me gusta tu estilo. De entre tanta receta de cocina y sempiternos amores-desamores, prefiero los blogs de ficción. Y si están bien escritos, como el tuyo, mucho mejor.
Besos
Gracias instigador, siempre es un aliciente que alguien lea tus relatos, y más si le gustan ;).
Un saludo
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