Era una tarde cualquiera, de un día cualquiera, de una semana cualquiera.
Coches, voces, un periquito en una jaula colgada de una ventana, las sillas de una terraza siendo arrastradas por el suelo, cientos de sonidos distintos llenaban el caluroso y cargado ambiente veraniego.
Cerró la ventana tratando de crear un poco de silencio y enseguida lamentó no disponer de aire acondicionado, pero para su satisfacción logró que el ruido pareciese provenir de un lugar lejano.
Volvió a sentarse a la mesa, frente a la máquina de escribir que sus padres le habían regalado a mediados de los 90 para redactar los trabajos de clase. El mismo folio en blanco que había dejado preparado antes de levantarse a cerrar la ventana seguía mirándole impasible, casi reprochándole la falta de creatividad que le obligaba a permanecer impoluto.
Se obligó a teclear, aunque fuese algo sin sentido.
He oido que la noche es toda magia y que un duende te invita a soñar.
-Mierda, eso es una canción.
Puedo ser un cabrón, pero no soy un puto cabrón.
-Eso es de Abierto hasta el amanecer.
Me gusta cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
-Y eso ya lo escribió Neruda.
Arrancó el folio de la máquina, hizo una bola con él y lo lanzó contra la ventana, haciéndolo rebotar en el cristal.
Colocó otro folio en la máquina y lo miró, lo miró y siguió mirándolo durante largos y pesados minutos.
Harta de esperar a que la inspiración llamase a su puerta se dispuso a salir a buscarla. Al ir a levantarse, su mano se apoyó accidentalmente en las teclas de la máquina.
blñknjhnrwea
Leyó las letras que rompían el blanco del papel.
Sin duda era lo mejor que había escrito aquel día.
miércoles, 23 de julio de 2008
jueves, 10 de julio de 2008
Nubes grises en verano (3)
Ninguno de los dos se volvió para ver quién era el conductor del coche que se había detenido tras ellos. Lo sabían de sobra.
Los pasos se aproximaban cada vez más a la pareja. Estos, impasibles, continuaban con la vista fija en las lejanas luces de la ciudad, imaginando que eran aquellas estrellas que les habían sido arrebatadas.
Ella acercó su mano a la de él, quien la cogió de la misma forma en que cogería el tesoro más valioso del universo. Los dedos de ambos se entrelazaron, asiéndose con fuerza el uno al otro, como quien se sujeta a la roca en un intento desesperado por no caer al vacío.
Los pasos se detuvieron y el silencio volvió a hacerse soberano de aquella lóbrega noche, solo durante unos segundos, después de los cuales el sonido sordo de dos percutores anunció el final.
El tiempo pareció detenerse, las mismas imágenes se reproducían en la mente de los tres, fotografías borrosas que parecían haber sido tomadas hacía siglos. Parecían superponerse unas a otras, contando una historia que quizás ninguna otra persona llegaría a conocer jamás. Una mujer maltratada, prácticamente recluida por su marido. Un hombre dispuesto a todo por liberarla. El amor verdadero eclipsado por el temor.
Tres vidas destrozadas.
Dos disparos casi simultáneos.
Un coche alejándose.
Ni un solo remordimiento.
Los pasos se aproximaban cada vez más a la pareja. Estos, impasibles, continuaban con la vista fija en las lejanas luces de la ciudad, imaginando que eran aquellas estrellas que les habían sido arrebatadas.
Ella acercó su mano a la de él, quien la cogió de la misma forma en que cogería el tesoro más valioso del universo. Los dedos de ambos se entrelazaron, asiéndose con fuerza el uno al otro, como quien se sujeta a la roca en un intento desesperado por no caer al vacío.
Los pasos se detuvieron y el silencio volvió a hacerse soberano de aquella lóbrega noche, solo durante unos segundos, después de los cuales el sonido sordo de dos percutores anunció el final.
El tiempo pareció detenerse, las mismas imágenes se reproducían en la mente de los tres, fotografías borrosas que parecían haber sido tomadas hacía siglos. Parecían superponerse unas a otras, contando una historia que quizás ninguna otra persona llegaría a conocer jamás. Una mujer maltratada, prácticamente recluida por su marido. Un hombre dispuesto a todo por liberarla. El amor verdadero eclipsado por el temor.
Tres vidas destrozadas.
Dos disparos casi simultáneos.
Un coche alejándose.
Ni un solo remordimiento.
miércoles, 9 de julio de 2008
Sueño
El cielo nocturno cuajado de estrellas se reflejaba en las serenas aguas de un gran lago rodeado de un bosque que parecía no tener fin.
A su orilla, en un lecho de hierba y pequeñas flores blancas de delicado aroma, yacía una joven pareja, ella con la cabeza posada en el pecho de él, él deslizando su mano entre los largos mechones de cabello oscuro de ella. Ambos con la vista perdida en el firmamento, arropados por el suave murmullo del viento, que parecía susurrarles al oido la melodía de aquella canción.
Él volvió su rostro hacia ella para depositar en su frente un leve y dulce beso. Ella a su vez alzó la vista hacia él, viéndose reflejada en sus pupilas, y, prácticamente al mismo tiempo, uno y otro se acercaron más aun, hasta que sus labios se rozaron durante apenas un segundo, un roce que se transformó en un beso lento y suave, y que prometía no tener fin.
Precisamente en ese momento, una brillante estrella fugaz rasgó el oscuro cielo, colmada de sueños y deseos por cumplir.
A su orilla, en un lecho de hierba y pequeñas flores blancas de delicado aroma, yacía una joven pareja, ella con la cabeza posada en el pecho de él, él deslizando su mano entre los largos mechones de cabello oscuro de ella. Ambos con la vista perdida en el firmamento, arropados por el suave murmullo del viento, que parecía susurrarles al oido la melodía de aquella canción.
Él volvió su rostro hacia ella para depositar en su frente un leve y dulce beso. Ella a su vez alzó la vista hacia él, viéndose reflejada en sus pupilas, y, prácticamente al mismo tiempo, uno y otro se acercaron más aun, hasta que sus labios se rozaron durante apenas un segundo, un roce que se transformó en un beso lento y suave, y que prometía no tener fin.
Precisamente en ese momento, una brillante estrella fugaz rasgó el oscuro cielo, colmada de sueños y deseos por cumplir.
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