El cielo nocturno cuajado de estrellas se reflejaba en las serenas aguas de un gran lago rodeado de un bosque que parecía no tener fin.
A su orilla, en un lecho de hierba y pequeñas flores blancas de delicado aroma, yacía una joven pareja, ella con la cabeza posada en el pecho de él, él deslizando su mano entre los largos mechones de cabello oscuro de ella. Ambos con la vista perdida en el firmamento, arropados por el suave murmullo del viento, que parecía susurrarles al oido la melodía de aquella canción.
Él volvió su rostro hacia ella para depositar en su frente un leve y dulce beso. Ella a su vez alzó la vista hacia él, viéndose reflejada en sus pupilas, y, prácticamente al mismo tiempo, uno y otro se acercaron más aun, hasta que sus labios se rozaron durante apenas un segundo, un roce que se transformó en un beso lento y suave, y que prometía no tener fin.
Precisamente en ese momento, una brillante estrella fugaz rasgó el oscuro cielo, colmada de sueños y deseos por cumplir.
miércoles, 9 de julio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario