sábado, 14 de junio de 2008

Empezar por el final

¿Cuántas veces, al comenzar un libro, has tenido la tentación de ir a la última página para conocer el final? ¿Nunca? En ese caso puedes dejar de leer esta entrada, seguramente te parecerá poco menos que un improperio que alguien se autodestripe así los libros.

Pero si la tentación para tí no vive arriba, sino al final de cada libro, probablemente comprenderás a qué me refiero.

Quizás lo que ocurre es que no solo disfruto de la historia, sino también del mero placer de leer, de deslizarme entre las palabras impresas hasta perderme en ellas, dejándome atrapar por la pluma del escritor de turno.

Por eso muchas veces el final pierde parte de su valor, no creo que el desenlace de una historia sea lo más importante de la misma, sino la historia en sí, la trama que es capaz de envolverte, convirtiéndote por unas horas en el Capitán Alatriste, en Ana Ozores o en Andreas Corelli.

¿Quién no se ha imaginado nunca cómo acababa el libro que tenía entre manos? ¿Acaso por ello dejó de leer? Por supuesto que no.

En fin, no se si semejante batiburrillo de pensamientos (batiburrillo, bonita palabra, por cierto) llevará a algún sitio, o si alguién podrá comprender lo que trato de explicar.

A pesar de ello, alzo mi copa por todos aquellos que empiezan los libros por el final, sabiendo que lo importante no es llegar a la cima, sino admirar el paisaje durante el camino.

¡Salud!

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